lunes, 17 de abril de 2017

A veces la soledad es tanta, que sólo puedes escuchar el tremendo ruido que hace tu interior.
como un canto de sirena que retumba dentro de ti, desgarrador e incesante.
Es tan ensordecedor que no logras escuchar nada más, ni a nadie más, solo sientes hasta el dolor más sutil de tus fibras.
Cuando te sientes solo, solo escuchas el eco de tu alma pidiendo auxilio, como si tu corazón fuese de piedra y tu cuerpo solo una casa vacía.

Tus manos piden otras manos, tu mirada deambula en un recorrido por la habitación, rogando por otra mirada amiga donde descansar, tu voz grita por un oído que quiera escuchar, para poder abrir la puerta y así pueda entrar un poco de luz y calor.

La soledad está tan viva que gime, te ensordece, te enmudece, y te acobarda, pesa levantar la cabeza, duele alzar la mirada y pedir, pero comprendes que si no pides...no tienes, pero también sabes que si no das...no vas a recibir.
Te miras frente al espejo, y no te reconoces, por ahora solo ves la imagen de tu dolor, de tu angustia, del desvelo en la madrugada.

Te miras y solo ves todo lo que lamentabas ser.

Sientes culpas que entretejen una telaraña que duele en tu garganta y te impide respirar.

A veces la soledad es tan cruel que te canta…
como cómplice de una canción en la radio, de una imagen el televisor.
Cierras los ojos buscando escapar pero continúa latiendo, aunque no mires, aunque no sonrías.

Sientes como si un pedazo de pasado te cayera encima y no pudieras levantarte más, herida y sin motivo,ya sin fuerzas, solo te quedas ahí.

Te escondes en el lugar más pequeño en tu interior, donde no entra nadie más, dónde está atestado de voces y sentimientos.
Ahí, donde tu soledad se hace enorme, gigantesca y absoluta y tú te haces minúsculo, casi invisible.

Y gritas para reconocer tu voz, pero la soledad te hace un eco que te calla, haciendo de tu grito, un grito ahogado.

Te sientes tan solo que te lastimarías a ti mismo, solo para saber que existes, y te sientes tan lejos de todo y de todos que terminas creyendo que tu aire no es el mismo de los demás.

Esa soledad que por más que huyas te encuentra, y aún entre mil personas, el destierro es inminente.

A veces la soledad es tanta que las paredes te atrapan, y no escuchas la voz del que te suplica que lo mires, de aquel que te llama...del siempre estuvo ahí.

...A veces la soledad es tanta, que sólo puedes escuchar el tremendo ruido que hace tu interior...


(En segunda Persona)
©Hazel Castillo.