sábado, 22 de abril de 2017

Atrapada, mimetizada entre las paredes de mi habitación, entendí que debo tomar un último aliento, un último esfuerzo y levantarme, soltarme las vendas, romper las cadenas y empezar a correr, porque mientras corra, llegará la fuerza para poder continuar.
Que si no hay luz y  todo se vuelve tinieblas, yo puedo ser mi propia luz y no depender de nada ni nadie, adentro o afuera, que yo puedo aunque el proceso me asuste.
Que si se me esta acabando el tiempo, detener las manecillas del reloj y burlarme de ese viejo embustero que muchas veces nos roba todo lo que no hacemos en su momento, y que la clave para eso es solo tener paciencia.

(suspiro)..Paciencia...

Mientras la soledad me gritaba al oído, entendí que si nadie me sonríe no debo mirar y más bien pasar de largo, que no debo dejar que se me metan en las costuras del alma, y se adueñen de mis pensamientos. Que si el desánimo y la futilidad me llaman por mi nombre, debo cantar más alto, debo reír con más ganas,y recordar de dónde vengo y aferrarme con todas mis fuerzas a eso, recordar la lucha y la pasión, de aquellas manos tibias, ásperas, que mientras me trenzaba el cabello y con voz firme me decía:“Tú puedes todo lo que tu quieras, si Dios contigo, nadie contra ti”. Que debo sacar toda la fuerza de dentro de mi y afrontar mi presente y no perder esa fuerza en batallas contra el mundo, porque ya Él luchó y venció por mi.

Mientras sentía un gran dolor que me enmudeció hasta las lágrimas, comprendí que si me quedo sin voz para pedir ayuda, debo guardar la calma, la ayuda y las palabras vendrán a mi, y si no son las palabras correctas, mejor guardo silencio, porque quizá en el silencio encontraré la sabiduría y la cura a mi dolor; en la quietud del silencio podré despejar los pensamientos mas oscuros, y así encontrar el camino correcto para seguir.
“Todo pasa, siempre, en algún momento, todo pasa” — decía mi nono.
Por eso sé, que a pesar de todo, debo guardar la calma, escuchar los latidos de mi corazón,el fluir de mi sangre, mecerme en el vayven del silencio y esperar, que lo que necesito me será dado.

Mientras sentía como si un pedazo de mi pasado aplastaba mis ganas, entendí que no debo darle el control a mis pensamientos para que me hagan pequeña y frágil, herida y maltratada.
Comprendí que nunca he estado a merced de nada ni nadie, que siempre, desde niña, he sido dueña y guía de mi camino.Que no debo dejar que nadie se adueñe de mi ánimo que si están no sobran, pero si no están no hacen falta.
Que debo alejarme de aquellos que me quieren vender, amor y éxito embotellado, a cambio de dignidad y sonrisas, y recordar que las mujeres somos mas que piel y sexo, alejarme de esos, y mirarlos con compasión porque solo eso es lo que merecen.

Mientras lanzaba al cielo un grito ahogado, comprendí  que llorar no es malo, pero no debo instalarme en él, porque con las lágrimas se lava el dolor acumulado y la asqueada decepción de las mentiras, pero luego, me seco las lágrimas y que cuando toque a mi puerta la frustración me encuentre con la cara lavada y el alma vestida de triunfo.

Aquella noche,como otras tantas, pensaba en lo injusto de muchas cosas, en lo injusto de diagnósticos y pronósticos, en cifras espeluznantes, y mientras mi capacidad de ira contenida rebalsaba lo permitido, entendí que no puedo batallar contra los fantasmas en mi closet, que no puedo culpar a nadie por esta ira que me quema por dentro, pero me di cuenta, que esas injusticias pueden ser oportunidades, que aunque mi dolor sea inmenso, de ello puedo tener un gran aprendizaje

Cuando estuve frente a mi espejo, preguntándome quien era la mujer que se reflejaba en él, entendí que no debo envidiarle nada a nadie, ni siquiera la salud, porque yo lo tengo todo aunque a veces el dolor y el ruido me nuble lo sentidos y no lo pueda ver, que debo dejar de mirarme con los ojos cansados y con odio,y que si en algún momento me pierdo, no debo buscarme en los rincones sucios y olvidados de mi alma.

Que si mi mundo si pone gris me pinto los labios de rojo, salgo a la calle y sonrió, afronto cara  a cara mi condición, no me cierro a lo que me duele, porque entonces mi dolor me perseguirá hasta el final, más bien lo acepto, hasta que por si solo se vaya,porque entonces ya no formará parte de mi y yo habré ganado.


(En tonos grises, viviendo con fibromialgia)
©Hazel Castillo.





lunes, 17 de abril de 2017

A veces la soledad es tanta, que sólo puedes escuchar el tremendo ruido que hace tu interior.
como un canto de sirena que retumba dentro de ti, desgarrador e incesante.
Es tan ensordecedor que no logras escuchar nada más, ni a nadie más, solo sientes hasta el dolor más sutil de tus fibras.
Cuando te sientes solo, solo escuchas el eco de tu alma pidiendo auxilio, como si tu corazón fuese de piedra y tu cuerpo solo una casa vacía.

Tus manos piden otras manos, tu mirada deambula en un recorrido por la habitación, rogando por otra mirada amiga donde descansar, tu voz grita por un oído que quiera escuchar, para poder abrir la puerta y así pueda entrar un poco de luz y calor.

La soledad está tan viva que gime, te ensordece, te enmudece, y te acobarda, pesa levantar la cabeza, duele alzar la mirada y pedir, pero comprendes que si no pides...no tienes, pero también sabes que si no das...no vas a recibir.
Te miras frente al espejo, y no te reconoces, por ahora solo ves la imagen de tu dolor, de tu angustia, del desvelo en la madrugada.

Te miras y solo ves todo lo que lamentabas ser.

Sientes culpas que entretejen una telaraña que duele en tu garganta y te impide respirar.

A veces la soledad es tan cruel que te canta…
como cómplice de una canción en la radio, de una imagen el televisor.
Cierras los ojos buscando escapar pero continúa latiendo, aunque no mires, aunque no sonrías.

Sientes como si un pedazo de pasado te cayera encima y no pudieras levantarte más, herida y sin motivo,ya sin fuerzas, solo te quedas ahí.

Te escondes en el lugar más pequeño en tu interior, donde no entra nadie más, dónde está atestado de voces y sentimientos.
Ahí, donde tu soledad se hace enorme, gigantesca y absoluta y tú te haces minúsculo, casi invisible.

Y gritas para reconocer tu voz, pero la soledad te hace un eco que te calla, haciendo de tu grito, un grito ahogado.

Te sientes tan solo que te lastimarías a ti mismo, solo para saber que existes, y te sientes tan lejos de todo y de todos que terminas creyendo que tu aire no es el mismo de los demás.

Esa soledad que por más que huyas te encuentra, y aún entre mil personas, el destierro es inminente.

A veces la soledad es tanta que las paredes te atrapan, y no escuchas la voz del que te suplica que lo mires, de aquel que te llama...del siempre estuvo ahí.

...A veces la soledad es tanta, que sólo puedes escuchar el tremendo ruido que hace tu interior...


(En segunda Persona)
©Hazel Castillo.



martes, 31 de enero de 2017

Sálvame. Sálvame de las miradas hirientes y lacerantes con tu besos chiquitos y tus enormes sonrisas.
Sálvame de caer en picada en la espiral de mi caos y ser víctima de trampas tontas sin sentido.
Sálvame como muchas veces de naufragar en una gota de agua.
Sálvame, que solo a tu lado mi mundo tiene forma.

Aparta de mi ese fantasma del pasado y que Dios me libre de voltear mi vista a el.

Tú que me apartas del miedo que a veces me consume y me haces sentir valiente.

Sálvame del veneno de lenguas bípedas y rescátame de esta habitación de paredes rotas sin ventanas, y llévame allá, a nuestra burbuja donde el tejado es color azul cielo y las paredes como nubes blancas...

Que desde que llegaste a mi vida solo cuento caricias y acumulo sueños y esperanzas.

Sálvame de personas que me apagan las ganas y cúrame tú de complejos tontos y de los mil y un intento de huida que he tenido.
Que mi mundo se complemente con el tuyo, que mi paz sea tu sueño y tu despertar mi alegría,
y que se detengan los relojes en esta hora en la que tus brazos me dan abrigo.
Que tu ilusión sea mi motivo y para tus lágrimas tengas siempre mi consuelo.

Sálvame de odios y venganzas.
Que en tus manos me resguardes el alma y que tu voz me acaricia la vida,
como que aquella noche que mude de piel y me refugie en la tuya.

Y fuiste verbo, mi consuelo, mi abrigo, mi refugio y mi calma..

Que mis pies sigan tus latidos y que tu espíritu agitado encuentre descanso en mi pecho.
Escríbeme la vida,con tus dedos que están llenos de vida propia, sálvame con tu niño interior de los adultos y sus desdichas.
Y que nunca olvide la dicha de tenerte junto a mi,
porque cada día me rescatas, me curas y me salvas.

Tan infinito como los instantes de mi Alma.
©Hazel Castillo.


miércoles, 11 de enero de 2017

Y es que mis letras no son para que te enamores de mí ,sin embargo escribo para ti.
Para que des pasos firmes, para que sepas que a tu paso si alguna mirada se cruza con la tuya, te des cuenta que es por ti, por tu hermosa sonrisa, por esa belleza que se siente en todo el lugar cada vez que llegas, y sobre todo esa belleza que está en ti, que tú te vas y ella permanece.

Te escribo para que mires el mundo como lo mira un niño, con esos deseos enormes de descubrirlo, pensando que ni el espacio es tan lejano y sintiéndose capaz de poder llegar de un salto. Escribo para que siempre sonrías y que nada te quite el aliento a menos que sea el amor, que un día te sorprenda.

Escribo para que sepas lo hermoso y lo maravilloso que eres,

Quisiera que te dieras cuenta de la magia que encierra tu corazón, magia que se filtra por las rendijas de esta sociedad tan agrietada, llena de caretas y de moldes rotos. Te escribo a ti para que sepas que eres extraordinario, que el mundo necesita personas como tú y yo, que vivimos con el alma revuelta, con la corriente en contra y el ímpetu a veces cansado, pero firme como piedra.
Yo escribo para ti, para que no te busques en los lugares equivocados y puedas mirarte como te miro yo, que se te escape una sonrisa al toparte con tu imagen y que se te llene el corazón como se me llena a mi al mirarte a ti.

Ama tus rarezas, así como las amo yo.

Porque estamos hechos de lo mismo, pero yo desde hace tiempo aprendí a acariciar esas rarezas que me hacen diferente, que me hacen única, así como cada uno de mis defectos, los envolví en papel de regalo y me dije a misma: “Felicidades son un regalo para ti, aprende a vivir!.”

Yo no pido que pienses en mi, pero estas letras me hacen pensar en ti, porque sé que las leerás, quizás tardarás, pero con ellas te quiero abrazar.
Tu magia hace tiempo me cautivo, porque lo que yo veo en ti, lo que tú eres no lleva nombre, no se etiqueta, no tiene peso, ni se mide.
Quien tú eres se llama raíces, se llama fundamentos sólidos, que es eso que te lleva y te sostiene, a veces sin que tú mismo lo sepas.
Porque cada día en esa soledad en la vives, pelas y ganas mil batallas, cumples sueños que ni siquiera persigues, y nunca compites para sobresalir porque tu eres único .
Lo que buscas ya lo tienes, te viene de adentro, en tu risa, en tus lágrimas, en tus ganas de vivir, en lo que escondes y en lo que compartes, en lo que callas y en lo que gritas, cree en ti, así como te creo yo.

Yo escribo desde la esperanza que mis letras se queden en ti, como tú te quedaste en mi, que sepas que aunque a veces las situaciones y circunstancias te muevan el piso, y te lluevan los recuerdos, nada podrá despojarte de ti mismo de todo lo que tú eres.
No escribo para que me busques a mi, sino para que te encuentres a ti, porque no eres consecuencia, tú eres causa de todo, porque cada día que pasa me sorprendes, y a cada instante me doy cuenta que eres verbo conjugado que habita en el silencio.


Detrás de la máscara.
©Hazel Castillo.