sábado, 16 de julio de 2016

Entre mil cosas podría decirte que asumo todo en lo que he fallado, pero no pienso cargar nada, ni como pecado ni menos lo arrastraré como se arrastra una culpa.
Porque hoy emprendo un largo viaje y no quiero que nada me pese, y no quiero que nada me estorbe.
Solo llevaré conmigo un pedacito de mi, el mas inocente quizá, aquel que aún conservo y que guardo bajo llave junto algunos pensamientos lindos y recuerdos felices.

Empezaré a caminar y de la manera más absurda me detendré en alguna esquina esperando una señal que estoy segura no llegará, porque las señales las fabricamos nosotros mismos, con ilusiones y delirios, con pizcas de locuras y de sueños imposibles.
Y entonces estaré lista para ganar sin tener que vencer a nadie, porque esto sólo lo consigue quien conoce el fracaso luego de haberlo dado todo, y esta batalla será conmigo, venciendo mis miedos e intentando ser mejor.
Y que mi único fin sea poder mirarme y saber que no soy de hierro ni de cartón, que estoy viva, que siento, que soy de carne y dolor y que a pesar de los momentos difíciles quiera yo no arrepentirme de nada, porque solo quien lo tuvo todo y hoy no tiene nada que perder, aprende a agradecer cada instante que te regala la vida.

Y limpiaré mi alma, para no llevarla cargada de decepciones, y que todo lo que llegue de ahora en adelante sea un regalo, y cada paso andado, será sabiendo que no fue fácil y miraré al cielo y daré las gracias, por cada golpe que traigo en el orgullo, y me tocaré el alma y diré gracias por cada llaga sanada y por cada herida sufrida. Porque estos serán mi compendio, mi manual de vida, cuando me encuentre perdida y no sepa por donde caminar.

Y mientras camino lento, de reojo miro atrás y veo que voy dejando un rastro de sonrisas pero también de lamentos, y me doy cuenta que en algún momento me he dejado controlar por mis vísceras pero nunca he tenido que bajar la cabeza, que como he sido razón así he sido corazón, que mis errores los he tenido que pagar, y que fui pañuelo como también fui lágrima.
Porque desde niña he intentado reconocerme en cada uno de mis actos, aunque hoy debo reconocer que de mi solo quedan algunas miradas y poco de sal...y quizá solo una mueca triste.

Perdí la cuenta de cuantas veces he caído, pero aquí sigo, me conozco el barranco de la vida, como conozco la palma de mi mano, y manchada hasta los tobillos y con el miedo que me cubre el rostro, me reconozco las ganas y el orgullo de que no me he traicionado.

Y también podría decir que de mi vida pasada no me arrepiento de nada, porque en cada gesto, en cada palabra, en cada beso y en cada instante, fui sincera, conmigo sobre todo, y con cada uno de aquellos que encontré en mi camino y que hoy forman parte de mi herencia, de mi aprendizaje, de esas ganas que hoy me tienen de pie.


(Diarios)
©Hazel Castillo.