lunes, 1 de junio de 2015

Y ser esa noche a la que vuelves cansado,
luego de una tarde rota,una palabra fuera de lugar,
una mirada hiriente o una respuesta lastimera.

Y ser esa cuerda que te ate al presente,
sin atarte las alas,
sin más obligación que tu mirada buscando la mía,
y sin más deseo que el deseo de los dos...

— Quisiera ser esa cuerda y nunca soltarte.

Ser tu verso y tu burbuja,
esos donde siempre te escondes,
y decir tu nombre hasta que suene a canción,
mi melodía necesaria cuando mi risa este apagada.
Y rezarte,
rezarte para que nunca olvides el camino a mi
y que llegues dispuesto a sumergirte en mi mundo loco
lleno de “porqués” y de “hasta cuandos”
y te abraces a mi figura retorcida.
Y ser el baúl donde guardes tus miedos
y tus desvelos.
Ser la escalera a la que subas
a tocar el cielo con la punta de los dedos,
y convertirte en balsa para que recorras mi mar salado,
que seas la paz que calme mi alma inquieta.

Y soñarte, siempre soñarte…

Ser el fuego que te enciende la piel,
el viento que lleve por el camino,
ese camino que nunca se ve recto…
Y ser esa voz que te recuerda que sigues vivo…

Y ser beso,
ese que te cierra los ojos antes que antes de abrir la boca
y te deja sin pronunciar palabra.

Y buscarte para siempre encontrarte
y mirarte a los ojos para contarnos secretos
y que el alba nos encuentre desnudos de piel y alma,
y juntos buscar adjetivos nuevos
que nos describan las ganas para luego encontrarnos cara a cara.

Ser la tormenta que te llega sin avisar,
el viento que arrastra la melancolía de tantas noches
en las que nos hemos dibujado corazones,
y que camina lenta como camina un suspiro.

Y tocarte...solo tocarte,
acariciarte como se acaricia un niño.

Entrar en tu conciencia y habitar en tu memoria,
moldear mi figura en tu recuerdo,
y que al buscarme te des cuenta que soy parte de tu esencia.

Y ser tuya, por siempre tuya…
Ser el canto del jilguero que visita tu mañana,
la garra que te recuerda que sientes y te defiendes,
ser la sonrisa que acaba con la monotonía de tu silencio,
y tenerte cerca para perderme en ti,
sin perder tu norte ni mi amor propio.

Y que todas mis letras lleguen hasta tus letras
y con cada verso arañarte el alma.

Y en mis manos sentir tus latidos,
porque el querer ya no basta,
porque sentir tu presencia lo transforma
todo.

(Tan infinito como los instantes de mi alma.)

©Hazel Castillo.