jueves, 18 de junio de 2015

Camino en la arena caliente y me siento tan pequeña
que me escondo en esta coraza que es muy fría como para arroparme.
En algún momento entendí mal el concepto de lealtad
y confíe en lealtades que en realidad no lo eran.
Camino y a lo lejos veo un sombra oscura
que me señala y me llama cobarde...

Y mientras yo me busco en los rostros de algunos
me encuentro el silencio que traigo en la memoria.

Me miro tan distinta, tan lejana,
como ese bichito que sube por la pared
y mira su mundo desde lo más alto como aceptando su ínfimo tamaño.
Diosa! se escucha a lo lejos,
¡diosa insignificante, diminuta en una tierra de gigantes!.
Sin querer aparentar,
en mi rostro me cuelgo una sonrisa mal dibujada;
"Si no me aceptas no te acerques"  —advierto.

No ruego por cariño argumentando compasión,
nunca me permití caricias falsas,
por no las esperen de mí,
antes miraba la luna como queriendo poseerla,
por eso hoy no aceptaré menos…

Soy esa niña
que cuenta su vida emocionada
como quien cuenta un cuento,
mientras miro al cielo y sonrío.
Calmo mi sed con las sonrisas de los otros,
aunque algunas con ese sabor amargo que les deja el miedo
y con pena se encogen de hombros

Me señalaron aquellos
que no se encontraron en ellos mismos
y se comentan entre si
"que no tengo reparo de lo que soy por dentro y por fuera".
Ja!
Me sonríen con pretensión
y se les nota la falta de educación; que pena que me dan!…

Mientras tanto yo me perdono
por vivir tanto tiempo excusando mi esencia,
por ser natural casi corpórea,
me perdono por tanto tiempo querer pertenecer solo a algunos,
solo aquellos que protegen a esta niña que vive en mi memoria.

Siempre supe donde empiezo y donde termino,
pero no quiero saber hasta donde puedo llegar.
Soy un remolino desatado,
que devasta todo a su paso con la calma de una caricia,
soy agua tibia que se escurre en las manos
de ese gigante que me desarma y arma día a día…

A los que me obvian:
Los miro sin piedad y sin mover la boca les pido que por favor, yo no exista!

Quisiera ser gigante en esta tierra de gigantes y gritar:
JAMÁS VOLVER A DECIR QUE ME PERDONO
hasta quedar sin voz y que me escuchen los muertos .

La niña que habita en el silencio de mi memoria de nuevo sale a jugar, a correr a la orilla del rió y a ensuciarse en el lodo, vuelve a cerrar los ojos y pintar melodías, regresa a perseguir su sueño delirante de alegría, sin excusas sale a vivir su vida.
Tan delicada como el cristal, tan dócil en las manos del Artesano,forjada como el acero
mil veces cambiara mi forma, hasta convertir mi miedo en escudo y mi fortaleza en espada.


(La sentencia luego de tu muerte.)

©Hazel Castillo.