sábado, 21 de marzo de 2015

Pasamos la infancia tratando de encajar lo mas posible, lo suficiente como para no llamar la atención, para no ser blanco de las miradas crueles de aquellos que nos miran “diferente”.
Ocultamos nuestras diferencias, eso que nos hace únicos y que muchas veces pensamos que nos excluye del perfil de “normal”.
Cuando niños, ser “diferente” es llevar una gigante cruz, es ser presa del vacio y caer,es una carga pesada que sobrellevar con el sello que nos dice que no somos como los demás...es eso que los otros interpretan como que nos merecemos siempre estar solos y aparte del resto.
Todos saben lo que somos, que tenemos una forma de pensar diferente, que aportamos ideas diferentes, que nos vestimos diferente, que no tenemos los recursos económicos que otros, que somos muy bajos o muy altos, muy gordos o muy flacos, que a veces tenemos menos fuerza que los demás, siempre algo hay o algo falta pero nunca pasamos su prueba, porque nos salimos del “molde” que se supondría todos tienen.

Sentir que no encajamos es tan doloroso como el vivir dominados, cautivos, ocultándonos de los demás y aún de nosotros mismos, tratamos de no mirarnos en un espejo, o pasamos mucho tiempo frente a él, queriendo ocultar aquello que a veces, ni nosotros mismos aceptamos.
Ser niño; la niñez es un trozo de vida largo… a veces cruel para aquellos que no nos gusta seguir el resto, a esos a los que de primer momento, no les somos de buen “parecer” — en ningún sentido.
Cuando tenemos que esforzarnos el doble por llegar a la meta, habiendo tenido que luchar por un cupo en la linea de salida. 
Aprendemos a no ser notados, y suplicamos la ley de la invisibilidad, y desearíamos ser lo más “normal” posible.
Nos da miedo ser “diferentes” por eso nos alejamos del resto y quedamos solos.

Llegamos al “maravilloso mundo adulto” y queremos seguir escondiéndonos de los espejos, buscando miradas de aprobación y aun sin valorar lo que realmente somos,sin darnos cuenta que nuestro interior podría dejar huella en los demás.

Y es que en este mundo lo raro es un don y nuestra locura es un reto, aquel que lucho por una cupo en la linea de salida hoy es un atleta con un gran mensaje de superación, aquel que bajaba su cabeza para no ser notado, hoy motiva con sus letras a aquellos que no se animan a intentarlo, aquel que era el loco solitario hoy salva vidas en un hospital...

Todavía hoy hay quienes defendemos quienes defendemos nuestras diferencias, a pesar de no “encajar” porque no queremos decir NO a lo que somos a lo que nos define.
Todavía hoy hay quienes nutrimos nuestras rarezas y tratamos de gritar inconformidades con nuestros talentos y así las convertimos en nuestras herramientas, en silencio, sin hacer estruendo, anónimos, sin querer recibir fama ni gloria, pero contentos y satisfechos, porque lo que antes nos excluía hoy nos hace extraordinarios.

Yo no quiero ser normal, nunca lo fui, siempre hubo algo que me hacia diferente a los otros, en diferente etapas de mi vida hasta el día de hoy.
—Y amo mi rareza, desde niña lo aprendí y hoy lo valoro.

Aún hay personas por ahí, que tratan a toda costa de “encajar” y no se dan el tiempo de saber o entender que el mundo puede ser mejor por causa de nuestras rarezas, de ser diferentes.  
— Estoy segura. 
Amemos lo que somos,altos bajos, gordos, flacos, fuertes o débiles, ricos o pobres por que solo así podremos crear un mundo donde encajar.


( Sin renuncia).

©Hazel Castillo.