martes, 3 de febrero de 2015

Y un día fui princesa, 
todo mi mundo planeado y mis decisiones;decididas.
Mi misión era saber decir si, de todas las maneras posibles, 
ensayando siempre una sonrisa,
que aunque las lágrimas me escurrían el alma, 
nunca debía dejar de sonreír.
Y un día fui princesa, siempre de pie en aquel pedestal, 
donde no se me permitía equivocarme
Respirando dulces perfumes, 
viviendo una vida empalagosa,vacía, 
pero siempre amable y dispuesta.

Todo perfecto -se rumoraba- .

Mis ojos entrenados para no mirar mas allá de lo que se me permitía.
Un día fui princesa...
si, 
limitada a una melodía que no me impulsara a ir mas allá, 
fui princesa con mis sueños amordazados 
y los ojos de mi imaginación vendados,
sumida en un paraíso de nubes negras 
en la torre mas alta de aquel castillo, tan alto que escapar era imposible.

Muchas veces pensé que malgastaba el aire
 si seguía respirando 
y que la hierba se marchitaría
si seguía caminando…

Destinada a ser la próxima diosa del olympo, 
destinada a una vida intensa y encapsulada, 
confundiendo pasión con amor
y alegría con conformismo, 
siempre inconsciente,acepte el teatro frente a mi.

Hasta que un día, el puñal en mi pecho 
mostró que mi alma sangraba e iniciaron las preguntas 
y las respuestas salieron a su paso 
y huí de aquel lugar, baje del pedestal, 
salí corriendo, saltando por los rincones, 
por las ventanas, por las cornisas…
Camine en la hierba húmeda,  
me hundí en el fango,construí mi castillo soñado en la arena, 
lave mis corazón en el azul del mar, 
encontré piedrecitas y las coleccione,
corte flores y me hice un collar.
Y aquella vez jugué como niña y me ensucié, 
me cansé y entre tanto remolino me agoté; 
pero respiraba libertad, salvaje y hambrienta con ganas de todo, 
sin prohibiciones, lloré de miedo y de risa, 
entonces ahí comprendí que todo aquello se había convertido en olvido.

Y entonces me cubrí con alegrías y un poco de tristezas ajenas 
que abracé como mías
Abrí mis alas al viento, a la vida, 
pero cada vez más sujeta al suelo que me vio nacer y caminar
de rodillas y de pie con la frente alto como siempre tuvo que ser.

Y entendí que nunca mas tendría las joyas de la corona,
que había renunciado a ella, y entonces acabaría mis días 
entre sueños y esperanzas, entre amor y sonrisas, 
que el frió lo apaciguaría con abrazos y caricias 
y que la sed la calmaría con besos y deseos.

Hoy me siento dichosa de no ser aquella princesa, me siento feliz de haberme lanzado al vacío desde aquel pedestal, hoy estoy orgullosa de haberme lanzado a la vida.

(Diario)

©Hazel Castillo.