miércoles, 19 de noviembre de 2014

«No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más».
Tomás de Kempis (1380-1471).


Aquí, 
estando frente a esa mujer que refleja mi espejo, 
Aquí donde nadie me ve,
aquí cuando me enfrento a mi misma 
y se me va aquella apariencia de fuerza, 
donde se quiebra esa armadura con la cual me cubro, 
aquí donde llegan los miedos, las inseguridades
el dolor de lo pasado, de lo que viene
Aquí donde nadie me ve, 
en mi intimidad, 
desnuda frente a mi
donde somos solo ella y yo,  
mirando cada una de mis cicatrices
dejando de lado todo orgullo, 
soberbia y toda vanidad.
Aquí donde no hay apariencias 
donde somos solo ella reflejada en mi espejo…
y yo.
Aquí es cuando mi alma queda descubierta
y mi corazón  expuesto,
me obligo a sostener la mirada
y verme tal cual soy.

Y así empiezo a conocerme.

Entonces de rodillas 
miro al cielo y doy gracias
por estar.

Y aquí es donde soy sincera
aquí es donde miro atrás
y me doy cuenta del camino recorrido,
dejando en cada paso
trozos piel, lágrimas y dolor.
Despertando de una pesadilla, 
que pensé jamás despertaría.

Entonces miro Tú luz...

Y puedo entender y aceptar
que fue un sueño
un plan que se perfecciona 
de a poco, en Su tiempo.
Hoy entiendo que Tu lo haces todo
perfecto para mi, y en Tus manos
como barro me moldeas.

Aquí donde soy yo
frente a mi espejo
hoy me acepto y entiendo
que a pesar de las apariencias, 
de lo que veo en mi espejo,
Tú me creaste
y te doy gracias porque
me diste la oportunidad 
de nacer de nuevo.

(Aprendiendo a caminar.)

©Hazel Castillo.