miércoles, 17 de septiembre de 2014

... Yo que nunca supe 
lo que es recibir de manos de alguien 
una rosa, o un clavel 
vienes a mi tan caballero 
y me regalas tus letras
como quien regala 
un ramillete de rosas.
Y cada una de ellas 
con aroma a ti.
Y al leerlas, 
al tomarlas, 
siento como laten
en mis manos,
puedo sentir 
como cada una
toma vida.
Siento como entran en mi
envueltas en suspiros
y en cada punto 
y en cada coma
escucho tu alma
diciéndome aquello 
que siempre me haces sentir.
Y es que puedo sentirte 
aquí cerquita 
cuando en algún momento del día 
me brinca suavesito el corazón.
Entonces salgo al mundo
salgo a la vida 
y en todo estas tu, 
y escucho toda esta realidad 
hablándome de ti.
Y por esa razón 
desde aquí 
donde te escribo estas líneas 
puedo por fin mirar al futuro sin miedo, 
con certeza.
Y entonces yo 
que soy solo tinta y papel 
podría recitarte diez mil poemas
mientras te miro dormir
y versarte el alma cada mañana
como preludio de tu mejor melodía
-tu sonrisa.

Y en el pasado se queda lo que dolió. 

Hoy 
que tus dedos tienen vida propia
me regalas este ramillete de letras
y transformas 
un instante de tu alma
en el mejor regalo
que me da la vida.

(Tan infinito como los instantes de mi alma)


©Hazel Castillo.