jueves, 11 de septiembre de 2014

Alguien un día me dijo que los amigos de verdad, 
son los que quedan a nuestro lado en tiempos de dificultad,
cuando todos se van.

Esos personajes necesarios que entran a nuestra vida de puntitas, 
pero llegan a nuestra alma con tal fuerza, 
que sentimos el aliento que nos dejan a su paso.
Esas almas anónimas que respetan en silencio nuestro silencio 
o se sientan a nuestro lado...solo a escuchar. 
Pero siempre están ahí.
Cuando la pena llega a nuestra vida vestida de luto 
o disfrazada de despedida, 
o cuando quizá nuestro corazón se viste de distancia, 
ellos permanecen a nuestro lado.
Cuando es un amigo de verdad, demuestra su valía, 
no nos juzga, nos ayuda, nos enseña, 
abraza nuestro dolor, 
y seca nuestras lágrimas.
Yo quiero!
Yo quiero estar ahí cuando un corazón herido lo necesita
cuando un hombre, una mujer o tal vez un niño 
extienda su mano
que pueda tocar la mía, 
que a través de mi 
pueda sentir la bendición 
que yo he sentido al tener manos extendidas 
cuando lo he necesitado.
Pero sobre todo que sientan y vean a través de mi
lo que Dios hace en mi.

Y a ti te doy gracias, 
porque hoy que necesito una mano
tengo la tuya 
porque siempre has estado a mi lado
acompañándome en momentos difíciles
cuando nadie ha estado, 
tus manos extendidas
han estado siempre para mi.
Estuviste al lado mi cama
cuando todo estaba oscuro
y los recuerdos me abandonaron.
Gracias 
porque cada día me demuestras 
que no debo perder la fe en aquello
que siempre he defendido,
— En la sinceridad, en la lealtad
en la seguridad de un abrazo, 
en el valor de una sonrisa.

Decía Machado: “Que es difícil estar a la altura de las circunstancias… pero mucho más difícil es aceptar que uno, sencillamente, no siempre consigue estarlo”
Pero tu siempre has estado conmigo en toda circunstancia, 
solo siendo Tú

©Hazel Castillo.