domingo, 20 de julio de 2014

Y ese día pensé que era un día cualquiera, te pregunte si podía compartir lo que en ese momento tu alma dictaba, y al recibir tu respuesta sabía que ya no habrían mas días cualquiera, que los que predecían del fin del mundo habían fallado porque eras tu entrando con tu paz y tu calma a mi vida, derribando fortalezas, conquistando fronteras y distancias, venciendo miedos, instalando bandera.
Y entraste en mi casa, en mi vida, en mi mundo y yo sin saberlo sin poder entenderlo ya te esperaba con los brazos abiertos y el corazón desnudo listo para instalarte en él.
Y esa noche mi poesía sería tu mirada que me decía lo que tu boca no se atrevía, esa boca, esos labios,esa sonrisa que me mira como si quisiera tatuarme en la piel los Cien Sonetos de Amor de Neruda.
Y es que yo soy tempestad y tu eres mi calma, y tu eres libre y yo lo soy, pero quiero ser libre atada a ti, por que me haces sentir que toco el mundo con la punta de mis dedos, que no existe mas mundo que el nuestro.
Entonces llegas a mi vida y te das cuenta que no tengo mas piel que una armadura que me cubre entera, me abrazas y me dices que no le temes a los escudos y mi armadura termina donde terminaron mis miedos, el cesto de la basura, y desde esa noche tu piel se convirtió en mi escudo.
Y esa mañana con el brillo del sol en mis poros ya te echaba de menos…
Hoy salgo a la calle  y en cada lugar estas tu y yo en cada esquina queriendo estar contigo.


( Tan infinito como los instantes de mi Alma. )

©Hazel Castillo.