sábado, 26 de abril de 2014

Y entonces tuve que conocerte de nuevo como si fuera la primera vez :
- ¿Esta usted ahí?  - preguntaste .
- Hola, si!  - respondí .
Entonces tuve que aprenderte de nuevo, aprender a escuchar tus silencios,y saber cuando compartirte los míos,a leer tus miradas, a saber acariciarte con mis palabras,cuando así lo necesitas mientras el calor de mis manos sostienen las tuyas,tuve que recordar que jamás pedirás un abrazo aunque tu corazón se este cayendo a pedazos y clamando a gritos, y saber que en ese momento me necesitas cual niño asustado frente al monstruo debajo de su cama .
Entonces recordé que mis manos sostenían el tesoro mas grande que jamas había tenido: tu corazón, que lo pusiste ahí, para ser cuidado, amado y protegido .
Y en ese momento lloramos y entendí que no solo se llora de tristeza, entendí que las lagrimas unen, fortalecen; son el néctar de tu alma, que las lágrimas de dolor no son las mismas que las lágrimas de amor, estas dan fuerza ,fe, esperanza y paz .

- ¡Quédate! - me dijiste .
- ¡Quiero quedarme!  - te respondí .

©Hazel Castillo.